El sionismo está en crisis, atacado interna y externamente, por judíos frustrados, críticos honestos y antisemitas. El Congreso Sionista mismo, así como la mayoría de las organizaciones que lo componen, se ha convertido en algo tan irrelevante que los críticos ni siquiera se molestan en criticarlo. Y el Congreso Sionista tampoco ha respondido efectivamente a los críticos.
El post-sionismo ha infectado a muchas elites israelíes, atacando las fundaciones del Estado y la legitimidad del nacionalismo judío. Pero más peligroso que el post-sionismo, es lo que yo llamo Sionismo Fantasma. El Sionismo fantasma es un sionismo que ha sido distorsionado por los críticos que presentan al movimiento de liberación nacional judío como una expresión fantasmal de las peores características del Occidente. Presentan una caricatura del sionismo como un movimiento racista, imperialista y colonial, en lugar de un movimiento legitimo de nacionalismo progresista y democrático por los derechos nacionales judíos.
A la vez, el Sionismo Fantasma esta poseído por el pro-israelismo. La obsesión con la “advocacy” o el apoyo a Israel empequeñece la agenda sionista, concentrándose en la autodefensa en lugar de la autorrealización. La mayoría considera a AIPAC, ADL (Liga Anti-Difamación) y a AJC (tres grupos de lobby judío norteamericanos) como las principales organizaciones sionistas en Estados Unidos, pero en realidad son organizaciones de apoyo a Israel. El sionismo siempre tuvo metas más ambiciosas, más humanistas, con miras a elevar al alma judía, no sólo proteger a los cuerpos judíos: y, por medio de redimir al pueblo judío, redimir al mundo.
En un ataque reciente en la revista judía Tablet, Daniel Luban sugirió que “quizás simplemente no vale la pena salvar al sionismo progresista norteamericano”. En el artículo, criticaba a la comunidad judía por “la insistencia constante en cambiar el tema desde los asuntos políticos en juego, hacia temas de identidad y autoconocimiento judíos. Representa el peor tipo de narcisismo insistir en hablar constantemente sobre nuestros sentimientos en lugar de las realidades políticas que nos enfrentan”.
Estoy convencido de que las discusiones con respecto a Israel deberían basarse más en la “identidad y autoconocimiento judíos”. No todo intercambio sionista debería basarse en los palestinos. El hecho de que Luban no pueda entender que eso es esencial y no narcisista muestra la abrumadora falla educativa de la judeidad de la Diáspora, de Israel y del movimiento sionista.
Un sionismo de identidad debe coexistir con el sionismo de crisis. El sionismo es una respuesta afirmativa a la asimilación y a la alienación, no sólo una respuesta defensiva frente al antisemitismo. Nuestros sueños sionistas deberían sintonizarnos con un “nosotros” presente en la época del “yo”, alimentar idealismo en la era del materialismo, difundiendo valores judíos, historia judía, comunidad judía y patria judía en la lucha por significado en un mundo que a menudo nos hace sentir sin rumbo. El movimiento sionista debería proveer un marco educativo, una estructura ideológica y un vehículo para la acción.
El movimiento sionista, liderado por el Congreso Sionista, debería llenar esta brecha en la conversación sobre Israel, mostrando que mirar hacia Israel tiene que ver con quiénes somos y quiénes queremos ser, no simplemente qué pensamos sobre la cuestión palestina. En lugar de esto, el movimiento sionista hoy es espectral, invisible. La iniciativa más grande de construcción de identidad orientada hacia Israel, Taglit-Birthright Israel (BRIA en nuestro país), está tan alejada del Congreso Sionista y de sus preocupaciones, que en Birthright se evita la mera mención de la palabra “sionismo”. Y mientras ya son 250.000 jóvenes judíos que volvieron de viajes a Israel en la década pasada, el Congreso Sionista Mundial no ha hecho nada significativo para profundizar los viajes judíos, por continuar el éxito de Birthright.
El Congreso Sionista Mundial debería ser un foro que acepte ideas creativas para renovar el judaísmo a través de la renovación del sionismo. Los delegados deberían aprender sobre las preocupaciones de los jóvenes, y ocuparse de ellas. Entre otras cosas, deberían repudiar la coerción religiosa en Israel, enfatizando a la libertad como una idea central del sionismo. (…)
En el 2010, no podemos darnos lujo de tener una convención de burócratas y sionistas convencionales. Necesitamos un moderno Teodoro Herzl que nos lleve de histeria a esperanza, de la defensiva al sueño, de la reacción ante la crisis a la creación de oportunidades. Necesitamos un moderno Ajad Ha’am que se sintonice a la potencia espiritual y secular del hogar nacional judío, nos recuerde de su centralidad en nuestras vidas y del poder constructivo del nacionalismo. Necesitamos un moderno Max Nordau, cuya fama literaria en el mundo no-judío elevó al movimiento sionista, y que proclamó: “Los sionistas vestimos nuestro judaísmo como una medalla de honor”. Necesitamos un compromiso renovado de las masas judías y adoptar un programa de compromiso profundo, liderazgo inspirador y cambio atrevido.
Traducción: Kevin Ary Levin