Los 16 años representan también un momento difícil en el que se deben tomar decisiones; y comenzar a hacerse responsable por ellas preanuncia más de un conflicto.
Los primeros 16 años que pasaron desde el cruel atentado a la AMIA son años que no le deseamos a ningún joven.
Son años en que quisieron robar nuestra esperanza. Y hoy, quizás con menos esperanzas que antes de llegar a la verdad y a la condena a los culpables, nos vemos ocupados en desentramar un complejo y oscuro esquema de encubrimientos, que nos duelen y nos enojan a medida que más sabemos.
Son años de desesperanza, de angustia, de negociada pasividad, de responsabilidades no asumidas. Fueron estos 16 años de MENTIRAS.
Porque nos mintieron cuando Menem y Corach prometieron hacer lo imposible por encontrar a los culpables y ahora sabemos que ellos los ocultaron y los encubrieron.
Nos mintieron cuando el ex Juez Juan José Galeano y sus fiscales dijeron que estaban cerca de la verdad y sólo se acercaron a ella para deformarla.
Nos mintieron nuestros dirigentes cuando, abusando de la posición privilegiada que la comunidad les había otorgado, se burlaban de nosotros diciendo que tenían los nombres de los culpables, mientras avalaban el accionar de Galeano y no denunciaban con nombre y apellido a Carlos Menem y su séquito.
Nos mintió Fernando De la Rua, y mintió a todo el pueblo argentino cuando dijo sentir el dolor de los familiares y nada se hizo. Fue tan incapaz de sentir empatía por ellos, como lo fue con la muerte bajo su responsabilidad de gente en la calle, en manos de la policía supuestamente creada para cuidarnos.
Nos mintieron los medios de comunicación cuando se hicieron eco de los montones de pistas falsas que se sembraron durante la etapa de instrucción de la causa.
Nos mintió Mauricio Macri cuando dijo que iba a estar bueno Buenos Aires, y pretendía dar un marco de impunidad nombrando como primer jefe de la Policía Metropolitana a un encubridor como Jorge “Fino” Palacios que ya figuraba como sospechoso, hoy ya procesado, en la causa por encubrimiento, a horas de ocurrido el atentado.
Y no sólo con respecto a la causa AMIA nos acostumbramos tristemente a la mentira. Nos mintieron cuando dijeron que estaban buscando incansablemente a Julio Lopez y hoy todavía no sabemos qué es de un conciudadano nuestro, desaparecido en plena democracia por denunciar a los asesinos de nuestro pueblo.
Entre mentira y mentira lograron instalar algunas ideas que hoy venimos a desafiar: nosotros no creemos que en Argentina la única lógica posible sea la de la impunidad, nosotros no creemos que es mejor olvidarse y sólo mirar para adelante, nosotros no somos los que creemos que de nada sirve reclamar, no creemos que de nada sirve involucrarse, o que hacerlo es peligroso. No creemos y no queremos creer en una justicia que sólo es una farsa, que protege a los culpables y perjudica a los inocentes.
El año pasado reafirmamos en este mismo lugar que ni la gripe ni el invierno detendrán este reclamo de 16 años y que ya hay una nueva generación de jóvenes que quiere saber qué pasó en este lugar aquel 18 de julio; que queremos castigo para los asesinos, sus instigadores y sus encubridores. Nos rehusamos a ser una juventud pasiva, frente a las enormes injusticias, crímenes y el sufrimiento que nos rodea.
Hoy decimos que ojalá éste sea el último acto que tengamos que hacer para este reclamo de justicia, pero nos han mentido tanto que nos cuesta creer en las promesas que año tras año nos hacen. Pero somos jóvenes, nos queda la esperanza, nos queda decir en voz alta lo que muchos no quieren escuchar. Nos quedan fuerzas, y muchas, para seguir abrazados a cada uno de los familiares de las víctimas, seguir conociendo sus historias y acompañarlos en su lucha, que es la nuestra.
La juventud hoy se hace presente, una vez más en esta vereda donde tanto horror hubo hace 16 años, como se hace presente cada marzo en el lugar donde explotaron la Embajada de Israel, esperando el año que viene reunirnos sólo para recordar, y ya dejar de tener que exigir, pero dispuestos a reclamar justicia hasta que ya no sea necesario.
Dispuestos a hacer memoria, a recordar y hacer recordar, gritar con voz fuerte y convencida:
¡QUEREMOS JUSTICIA PARA LAS 85 VÍCTIMAS DE LA AMIA!
Por ellos, por sus familiares y amigos, por nosotros, ABRAMOS LOS OJOS, EXIJAMOS JUSTICIA.
Porque ningún país puede fundamentarse en la injusticia y la impunidad: JUSTICIA, JUSTICIA PERSEGUIRAS.